Soñar es una función vital para que las personas mantengan la cordura, sin embargo, los sueños no sólo nos hacen vivir situaciones idealizadas, sino que nos pueden transportar a los peores rincones de nuestra mente. Esto también les ocurre a los niños, quienes encuentran más dificultades para reponerse de las pesadillas y comprender que es un mundo paralelo e irreal.
Durante las pesadillas, los niños están inmóviles hasta que se despeiertan sobresaltados. En ese momento, puede que empiecen a llorar y se sientan asustados, por lo que en este momento es importante que exista la presencia de uno de los padres. En este caso, es bueno mimarle y darle un poco de consuelo, incluso será mejor encender la luz principal para que el niño se de cuenta de que todo está bien y pueda volver al mundo real.
Una vez se haya recuperado del susto, es conveniente dejar una pequeña luz encendida que le de seguridad pero que le permita dormir. Si al dia siguiente no recuerda el tema, que es lo más probable, es mejor no recordárselo para que lo olvide completamente y aprenda a asimilar este tipo de situaciones.
Evitar las pesadillas es complicado, sin embargo, si que existen algunas recomendaciones que no las favorecen, como puede ser evitar que el niño vea películas o imágenes que le resulten impactantes emocionalmente, mantenerle alejado de discusiones o conflictos y controlar la forma en la que las personas que le rodean hacen uso de su autoridad (usar palabras demasiado severas le puede afectar).
En el caso de que las pesadillas se repitan todos los días, podemos estar ante un transtorno psicológico, quizás relacionad con el nacimiento de un hermano, el inicio de la guardería, etc. En estos casos, se recomienda resolver los conflictos que han sido originados, cambiando la situación y si no es posible, consiguiendo aumentar la confianza del niño con respecto al problema, haciéndole ver que todo sigue como siempre.
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