Los bebés que nacen a finales de verano o principios de otoño son más altos
Según un estudio realizado por la Universidad de Bristol, los bebés que nacen a finales de verano o principios de otoño son más altos, algo que se atribuye a niveles más altos de vitamina D -que obtiene la madre al tomar el sol, algo que ocurre con más frecuencia en este periodo-.
En el estudio participaron 7.000 niños nacidos entre el año 91 y el 92, teniendo en cuenta los datos meteorológicos de ese año. El resultado es que a los 10 años de edad, los niños que nacieron en agosto y septiembre eran 0,5 centímetros más altos que los que nacieron en invierno o primavera y tenían además unos huesos más grandes.
Con respecto a los huesos, cabe decir que el volumen óseo era mayor que el atribuido a la relación de la altura, es decir, que el volumen del hueso no era solamente mayor por ser más altos únicamente.
Por tanto, podemos incluir que la exposición al sol de las embarazadas aumenta sus niveles de vitamina D y esto repercute directamente en un mejor desarrollo para el bebé. Eso sí, siempre debe ser con precaución, tomando el sol de forma moderada.
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