Aprender a perder en los juegos
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Aprender a perder en los juegos

¿Qué niño no odia perder? En la niñez, el espíritu de la competitividad parece estar bastante desarrollado y en su actividad favorita, los juegos, es donde más se percibe. No hay nada por encima de perder o ganar y para ellos, perder puede ser toda una frustración. Ellos no les dan la misma importancia a lo que les sucede que los mayores, quizás por su falta de experiencia, pero es fundamental que los padres les orienten, mientras ellos lo descubren, por qué merece la pena enfadarse y por qué no.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que el juego tiene una parte de aprendizaje, gracias a lo que el niño experimenta, descubre y desarrolla con ese juego y la otra de relación con otras personas y su entorno. Cabe tener en cuenta que no siempre es positivo compartir el juego con los demás, ya que hasta los 3 años el niño prefiere jugar sólo y experimentar por él mismo, por lo que si intentamos que comparta juegos, puede que no tengamos demasiado éxito.

Una vez juegue con los demás niños y con adultos, debe aprender a ganar y perder, ya que esto le servirá para la vida diaria. Lo más común es dejarle ganar para que se sienta bien, pero no es la elección más adecuada, ya que un niño que siempre gana crea un sentimiento de omnipresencia que se desmorona fuera del hogar y le hará sentir peor que si se enfrenta a la realidad. No obstante, hacerles el regalo y dejarles ganar de vez en cuando es positivo, ya que refuerza su autoestima y aprecian que los adultos se sientan orgullosos de alguno de sus logros.

A pesar de esto, cabe tener en cuenta que el hecho de perder va a conllevar, casi siempre, una rabieta, pataleo o acusación a los ganadores de hacer trampa entre otros. Esto es absolutamente normal, ya que no tienen asumido el hecho de perder en su entorno competitivo.

Otro aspecto importante a la hora de perder es la deportividad con la que se pierde. Ellos aprenden de los mayores y es importante que les demostremos también nosotros que podemos perder, no sólo en juegos infantiles, sino en cualquier aspecto de la vida. Si ven a sus padres reaccionar de forma violenta, tal vez sigan su mismo patrón y una vez aprendido, todos sabemos lo que cuesta cambiar la forma de reaccionar ante una situación.

Finalmente, algo fundamental, es destacar la importancia de disfrutar el juego, de la participación y del desarrollo del mismo antes que el resultado. Si valoramos esto, también los pequeños aprenderán a valorarlo.

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